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Kansas City repartió alegrías a los niños de Honduras

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La elocuente emoción y las sonrisas que se desplegaban de sus inocentes rostros al recibir los obsequios, denotaban la dimensión de la obra de caridad que llevó a cabo el Kansas City de los Estados Unidos.

Puntuales, como les dicta su regla de país, a las 8:30 de la mañana y cargados de diversos regalos, representantes del Sporting tocaron el portón de la Escuela Guaymuras de la capital y con ello provocaron el delirio en los cientos de pequeñines, que se mostraron sorprendidos con la grata presencia de los visitantes.

Una tradición de Kansas

En sus manos llevaron útiles escolares y diversos implementos deportivos y, tras su presentación, empezaron a repartirlos a cada uno de los escolares de este centro de bajos recursos. “A mí me dieron lápices, les damos las gracias a los señores de los Estados Unidos porque aquí hay mucha gente que tiene grandes necesidades y por eso les decimos muchas gracias”, decía con envidiable madurez la pequeña del quinto grado, ónise Esquivel.

En la contraparte, también se mostraba la satisfacción por ser los artífices de dibujar una sonrisa en los niños y así seguir con una tradición que se ha implementado en el equipo desde hace muchos años.

“Esto es algo que hacemos en cada país que vamos. El que nos dijo que esta escuela era perfecta es el utilero de la Selección de Honduras, Jaime Varela, y luego le preguntamos a Roger Espinoza y nos dijo que estaba muy bien”, decía Andrés Garay, el utilero del club, que luego pasó a ser el traductor del resto de la comitiva.

Primera visita a Honduras

Allí estaban los miembros de seguridad del club, Dion Dundovich y David Dollase, así como el doctor del equipo, Neal Erickson y el también utilero, Michael Flaherty, quien explicaba que los regalos provienen de aquellos aficionados de buen corazón.

“Se siente bien hacer este tipo de cosas porque nuestro equipo nos da la facilidad de poder traer regalos a niños que necesitan y con gusto estamos aquí por primera vez”, decía Flaherty, uno de los grandes gestores de la idea.

Al final, tanto visitantes como anfitriones se fueron contentos y con la satisfacción de haber pasado un día inolvidable. “Estoy emocionado de hacer esto, porque hay países en donde los niños no tienen útiles y eso hace más difícil que aprendan y hagan su mejor esfuerzo. Es lindo entregarle obsequios y verles sonreír, no tienen precio”, dijo el doctor del equipo, Neal Erickson. (El Heraldo)