UA-73766381-1 ¡Pobre Copa América!

¡Pobre Copa América!

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La Conmebol consiguió algo que parecía imposible: desprestigiar a la competencia de selecciones de fútbol más antigua del mundo, la Copa América. El escándalo de supuestas coimas, lavado de dinero y evasión impositiva desatado con la denuncia del Departamento de Justicia de Estados Unidos trazó una marca indeleble en el torneo continental. Las dudas y las preguntas sin respuesta sobrevuelan a la edición 2015, que comenzará en pocos días más en Chile.

¿Qué pasará con la televisación y la comercialización del campeonato? Los contratos firmados por el ente rector del fútbol sudamericano con la empresa Datisa (participada en un 33% por Torneos, 33% por Full Play y 33% por Traffic) se encuentran tan sospechados como vigentes. Aunque el máximo dirigente de la Conmebol, el paraguayo Juan Ángel Napout, adelantó que piensa auditar los acuerdos y suspender aquello que esté fuera de las normas, el escaso tiempo juega en contra. Cambiar de comercializadora y, sobre todo, firmar nuevos acuerdos de televisación, parece imposible.

La Copa América 2015 se organiza en territorio de Michelle Bachelet, la presidenta chilena. Su gobierno es uno de los que más abogan por un cambio de imagen en el fútbol sudamericano. ¿Con qué cara la mirarán esos dirigentes que se asociaron con las empresas ahora sospechadas?

Brasil, por su parte, organiza sus propias investigaciones para desteñir al fútbol de corrupción. El Senado, encabezado por el ex goleador Romario, y la Cámara de Diputados, ya intervienen en el control de los dineros del fútbol. El ministro de Deporte, George Hilton, anticipó una medida que puede provocar un efecto cascada en el continente: quitarle a la CBF el manejo de los campeonatos locales. Se crearía una liga, encargada de organizar los torneos. Y la influencia de la CBF quedaría confinada a la selección. “Queremos un cambio en el fútbol brasileño”, dijo Hilton en una entrevista con el diario Estadao. Brasil, junto con la Argentina, es uno de los máximos candidatos al título en Chile.

Las derivaciones del escándalo en Suiza son impredecibles. La Copa América chilena será el primer torneo en el que intervendrán varios de los protagonistas sospechados. Por un lado, las federaciones cuyos dirigentes están detenidos (Brasil, Uruguay). Por el otro, del lado organizativo, participarán las empresas cuyos directivos aparecen en el documento del Departamento de Justicia de los EE.UU.: Torneos (Alejandro Burzaco era su CEO), Full Play (de Hugo y Mariano Jinkis) y Traffic (del arrepentido brasileño José Hawilla). En este escenario, resulta imposible que la reputación del torneo continental quede indemne luego del llamado “FIFA-gate”.

Tan complicado es el tablero que la Copa América del Centenario, pensada para ser el epicentro de los festejos de los primeros 100 años de la Conmebol, está en suspenso. Se iba a organizar en los Estados Unidos (¡el destino!), pero el proceso judicial abierto parece haber embarrado la cancha. Según el Departamento de Justicia de los EE.UU., había US$ 20 millones de supuestas coimas para dirigentes de la Conmebol. Y otros US$ 10 millones para la Concacaf, la Confederación de América del Norte, América Central y Caribe.

Queda claro que a nadie le importan la reputación ni la transparencia. En medio de las detenciones y las sospechas, el show debe continuar. Siempre.