«Uruguayos, sangre de campeones, uruguayos garra y calidad».

Diego Forlán y el presidente José Mújica

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Diego Forlán y el presidente José Mújica

Un mar de uruguayos tiñó de celeste las calles de Montevideo este martes para brindarle un inmenso agradecimiento a su selección de fútbol, que obtuvo el cuarto puesto en el Mundial Sudáfrica-2010 y les dio «la esperanza de soñar».

Con rostros pintados, vinchas, pelucas, camisetas y olas de banderas azules y blancas, uruguayos de todas las edades se lanzaron a las calles para rendir un tributo que incluyó una caravana de unos 30 km, aviones sobrevolando el parlamento y un homenaje en la explanada del Congreso, donde la multitud recibió a los celestes coreando: «Uruguayos, sangre de campeones, uruguayos garra y calidad».

«Gracias muchachos, en nombre de todo el pueblo uruguayo. Esto se lo ganaron, esta es la pequeña patria que les reconoce que no solo son guapos sino que son valientes, porque mantuvieron compostura, altura, y nos dieron la esperanza de soñar», dijo el presidente José Mujica a los integrantes de la selección uruguaya.

El intenso frío en torno a los 7 grados no impidió que una multitud inédita en la historia reciente del país se reuniera desde el mediodía para aplaudir durante casi cinco horas la caravana celeste y el posterior homenaje a la selección, que terminó cuarta en Sudáfrica-2010, su mejor actuación en un Mundial desde 1970.

«Muchas gracias Uruguay por ayudarnos a soñar», «Gracias por darnos tanta alegría», eran algunos de los carteles que podían verse a lo largo del recorrido del autobús con la delegación, mientras que otro rezaba: «Uruguay el país con más gloria per cápita del mundo».

En una ceremonia en la que los jugadores dieron rienda suelta a su alegría y buen humor y saltaron al ritmo del «soy celeste», la multitud ovacionó a Nicolás Lodeiro, que sufrió una fractura durante el choque contra Ghana, coreó «es la mano de (Luis) Suárez, es la mano de Dios» y celebró al «mejor jugador del mundo», Diego Forlán.

«Fuimos a Sudáfrica con el sueño de traer la Copa del Mundo, de venir con ese regalo», dijo el capitán Diego Lugano a la multitud. «Acariciamos la gloria pero no se dio. Y al volver nos encontramos con una copa que va mucho mas allá de lo que nos pudimos imaginar, ver a todo el Uruguay unido, abrazado, exteriorizando el orgullo que todos sentimos de haber nacido en este país».

En medio de la euforia colectiva, el capitán celeste aprovechó para pedirle al gobierno más apoyo al deporte, para «que la ilusión de la gente no sea efímera y pasajera» y para «que los Forlán, los Suárez, los Fucile que hay en el país tengan las condiciones para crecer».

Con la seriedad que lo caracteriza, el Balón de Oro del Mundial, Diego Forlán, aseguró que «esto era impensado» el día que se fueron y llamó a darse cuenta «que trabajando con humildad y respeto, haciendo las cosas bien, se puede llegar bastante lejos».

«Estuvimos a un paso de la final del mundo, fue algo histórico para todos nosotros», dijo ‘Cachavacha’, llamando a «creer en nosotros».

Un emocionado Oscar Tabárez afirmó por su parte que la convocatoria «superó todo lo imaginable».

El director técnico del combinado celeste llamó a no quedarse «solo con los resultados para valorar lo que se hace, el éxito no son solo los resultados sino las dificultades que se pasan para obtenerlos. El camino es la recompensa».

Toda la delegación celeste -desde los jugadores hasta el cocinero- recibió medallas con el escudo uruguayo por su «brillante participación» en Sudáfrica-2010.

Además, con el preio obtenido por el cuarto puesto logrado en el Mundial, los jugadores tenían previsto lanzar el martes por la noche la Fundación Celeste, una organización sin fines de lucro que buscará promover el deporte en todo el país.

La derrota (3-2) el sábado ante Alemania en el partido por el tercer puesto no menguó los sentimientos de orgullo y gratitud que inundaron este pequeño país de 3,4 millones de habitantes hacia la selección.

«Ya estoy orgulloso con esto», aseguró Felipe, de 13 años, que recordó como mejores momentos del Mundial las atajadas de Fernando Muslera y la mano y penal de Luis Suárez en el choque contra Ghana, que terminó con el pase de Uruguay a la semifinal.

«Llegar a las semifinales ya fue suficiente. Nos dio la esperanza de que se puede. Y la próxima ganamos», confió por su parte Sofía, de 16 años.

Tras una sucesión de fracasos en un país donde el fútbol se vive casi como una religión, Sudáfrica-2010 reintegró a Uruguay a la elite mundialista, pero además devolvió el optimismo y la alegría a una sociedad que se paralizó en cada encuentro y decidió que cada triunfo -e incluso un cuarto puesto- valía una fiesta.

Tal vez porque, según dijo este martes el presidente Mujica en su audición radial, demostraron que «se puede».

«Hay que construir esfuerzos colectivos, tener capacidad de volver a empezar, levantarse. Este es el mayor legado de este sueño celeste (…) que va a continuar. A pesar de que somos tres millones en una esquinita del América del Sur, pero allí estamos, ahí vamos, allí vale la pena vivir y seguir soñando. Gracias muchachos», aseguró Mujica.

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